Si facturas menos de un millón al año, lo único que deberías hacer es darte a conocer.
Sí, lo sé. Suena tan simple que hasta parece una broma.
Pero no lo es.
La mayoría de los negocios que no crecen no tienen un problema de producto, ni de precios, ni de competencia.
Tienen un problema de invisibilidad.
Si nadie sabe que existes, da igual lo que vendas.
Y si la gente te conoce pero no entiende bien qué haces, da igual cuánto trabajes: no vas a vender.
La primera obligación de cualquier negocio que quiere crecer es hacerse visible.
No más bonito. No más barato. Más visible.
Esto sirve para cualquier sector
Si de verdad quieres ganar más dinero del que jamás imaginaste, hazme caso:
Invierte tu tiempo y tu energía en darte a conocer.
Todo lo que no sea imprescindible para tu supervivencia, inviértelo en visibilidad.
Publicidad, presencia, conversación.
No te preocupes por inventar algo nuevo ni por copiar lo que hacen los demás.
Ofrece exactamente lo que la gente te pide.
No lo que tú crees que necesitan, ni lo que te gusta a ti.
Lo que piden.
Habla claro.
La elocuencia es la habilidad más infravalorada en los negocios.
Si te entienden, te compran.
Si no te entienden, desapareces.
Y cuando te busquen, que te encuentren.
Haz que sea fácil contactarte: un correo, un formulario, una respuesta rápida.
Cada hora que tardas en responder es una venta que se enfría.
Vender no es un accidente
Nadie vende por casualidad.
Nadie cierra un trato porque tuvo suerte.
El éxito en ventas se construye con estructura:
Un guion de venta claro (sabes qué decir y cuándo decirlo).
Un precio visible (aunque sea un rango, dalo en el momento).
Un seguimiento sin miedo (día siguiente, tres días después, hasta obtener un sí o un no).
No se trata de ser pesado, sino de no abandonar una oportunidad viva.
Y no olvides esto: nadie compra en el primer contacto.
La familiaridad vende.
Y la familiaridad se construye repitiendo el mensaje hasta que confíen en ti.
Escucha más de lo que hablas.
Vende lo que piden, no lo que imaginas que deberían querer.
Intenta cerrar siempre. Aunque sepas que la mayoría dirá que no.
Y si hace falta, pon el “no” sobre la mesa tú mismo:
Oye, si no te interesa, lo dejamos aquí.
Esa honestidad vende más que cualquier discurso largo.
La experiencia del cliente empieza en la venta
No después. Desde el primer contacto.
Si la compra se siente simple, directa y honesta, todo lo que viene después se percibe mejor.
Por eso repito: no necesitas fórmulas mágicas ni historias de gurú.
Solo necesitas ser visible, claro y constante.
Y si no estás dispuesto a eso, mejor ni sigas leyendo.
Un solo paso para empezar
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Te prometo claridad.
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